|

Entre Dios y ZP: las genuflexiones de Bono

José Bono, Pepe para los manchegos, hijo preclaro de los usufructuarios de la victoria franquista en la guerra y discípulo aventajado del taimado Enrique Tierno Galván, es un hombre de firme convicciones. Al menos esa es la imagen oficial de quien, gracias a una permanente campaña de autobombo y autopostulación, se presenta o se presentaba, porque hoy es difícil precisarlo, como el patriota y el católico oficial del socialismo. No es que en el PSOE no hubiera más católico de pedigrí que Bono, es que (su habitual latiguillo dialéctico) su carismática personalidad ha borrado con pasmosa facilidad a sus rivales del firmamento publicístico de la izquierda.

Durante un tiempo Bono compartió en los medios habituales la representación del patriotismo y el catolicismo socialista con el defenestrado líder del socialismo gallego, Francisco Vázquez. Hoy feliz y conforme con su destino esnifando incienso en las ceremonias vaticanas.

José Bono es uno de aquellos políticos de raza de los que ya no quedan. Un hombre que, probablemente por osmosis familiar, supo adaptar la letra del Cara al sol de trinchera a la mucho más cómoda y llevadera de la retaguardia: “cara al sol que más calienta”. Creyó ver el futuro en las escuálidas filas de su ateo maestro político: Enrique Tierno. Sin embargo, cuando Bono alzó la cerviz y vio que la unidad de destino en lo universal pasaba por el socialismo felipista, sin el más mínimo examen de conciencia, “traicionó” (término que he oído utilizar a alguno de sus viejos camaradas) al viejo profesor. Quiso ser el líder del PSOE que sustituyera al mítico González y le birló la cartera un muchachito de León con muchísimas pretensiones. Le echó por unos meses un pulsillo y acabó de florón decorativo en el Parlamento español tras un breve paso por el Ministerio de Defensa.

Bono es el católico oficial del socialismo que igual recibe la Comunión de manos de un cardenal que se va a participar en la carnavalada de la comunión con bizcocho. El problema real de Bono, que nadie acierta a señalar, es la genuflexión. Como ésta ha quedado en desuso en los ámbitos eclesiásticos y él quiere seguir manteniendo la tradición se ve expuesto a que le califiquen de retrógrado y ultramontano. Ese es su gran problema. Por eso ha decidido practicarla con inusitado entusiasmo ante el nuevo “mesías”, ante el nuevo “salvador”, ante el novedoso cruzado, ante ZP. Hacerlo le obliga a comulgar con la nueva ley del aborto, igual que comulgaba con la anterior, sin que su conciencia de católico sufra el más ligero estremecimiento; como tampoco se estremece la de los católicos del otro bando. El único handicap es que -otra vez su es que- algún obispo carca, chapadete a la antigua, pudiera públicamente negarle la Comunión, con lo que su carrera de católico oficial socialista tendría un nada glorioso final.

En esta tesitura, para colmo, le han endilgado el tema de la presencia del Crucifijo en las escuelas. Y Bono, experto en servir a más de un señor, nos dice que ya sabemos lo que piensa (¿lo sabemos?) pero que no va a dar ningún titular. Gesto bravo y gesto típico de quienes viven presos de su cobardía moral.

Cobardía moral porque ni su teórica visión de la Patria, que casi con seguridad es mero artificio retórico, ni su Fe le impelen a dar un puñetazo en la mesa y dejar el PSOE. Y es que -otra vez su latiguillo- Bono es todo un maestro a la hora de practicar la genuflexión más conveniente.

Francisco Torres (Portavoz de AES)

http://www.alternativaespanola.com/blog2/

Deja un comentario