El Fascismo

En los años veinte y treinta se produjo la eclosión de una nueva forma de organización política: el fascismo. La ideología de este movimiento es la forma más elaborada y modernizada de la tradición de la derecha radical, una fase concreta del desarrollo de la cultura ultraderechista, específica del continente europeo, y basada en la inversión de los valores de igualdad natural, libertad individual y gobierno representativo que se derivaban de los principios de la Revolución francesa de 1789.

En un momento de crisis, la comparación de los grandes ideales emergidos de la Revolución francesa con la realidad que suponía la marginación social, la exclusión o la pérdida del estatus privilegiado que había tenido antes de la Gran Guerra supusieron que aquellos principios que habían inspirado la política y la sociedad del ochocientos fueran considerados caducados o falsos por amplios sectores de la sociedad. En varios países aparecieron movimientos de este tipo, articulados alrededor del rechazo al sistema parlamentario, el odio al comunismo, el nacionalismo exacerbado, el culto a la violencia y la movilización de las masas atraídas por un líder carismático.

La ideología fascista tenía una serie de características básicas bien definidas:

1. Invalidez de los valores propuestos por la Ilustración y la Revolución francesa, considerando la desigualdad entre las personas y los pueblos como un hecho natural, la conveniencia de la subordinación de la libertad individual a los intereses del Estado y la negación de la separación de poderes. Esta desigualdad permitió una concepción jerárquica de la sociedad que llevaría hacia el machismo y el racismo. Así, la mujer estará supeditada al hombre, y el nazismo afirmaría la desigualdad entre las razas humanas donde la raza aria sería la dominante y estaría destinada a gobernar el mundo, mientras que en el otro extremo encontraríamos la raza judía perseguida por el nazismo .

2. Nacionalismo radical, agresivo, militarista y poco respetuoso con los derechos de los otros pueblos, que se pueden ver como terreno donde debe crecer el propio Imperio. El Estado es el representante de la nación que es el valor supremo. Todos los individuos deben estar al servicio del Estado que se presenta omnipresente y omnipotente superando el concepto de simple dictadura. La nación es el principio fundamental, identificador de la comunidad, pero ya no es la nación de ciudadanos libres heredada de la Ilustración, sino la comunidad orgánica con un destino común. El nacionalismo es el aspecto más constante de los fascismos. Así, muchos movimientos fascistas se considerarán totalmente diferentes entre ellos sólo para afirmar los principios propios de identidad. Las referencias a tiempos pasados y gloriosos de la nación caracterizará los fascismos haciendo que el nacionalismo pasara del sentimiento de agravio típico de sus orígenes en una apología del belicismo imperialista que conducirá hacia la guerra.

3. Totalitarismo, considerando que las formas de organización de las instituciones basadas en la representación democrática han sido superadas, y que las libertades de reunión, manifestación o expresión nunca habían de poner en duda la ideología gubernamental ni aspirar a un cambio de régimen político. El fascismo defendía el establecimiento de un Estado totalitario capaz de controlar todas las esferas de la vida (política, económica y social), propugnando la primacía del Estado sobre el individuo. Los fascismos configurarán unos sistemas políticos de partido único que considerarán el partido como un depositario de los valores nacionales, unos valores únicos sin más necesidad de representación. El modelo de Estado fascista se sustentaba, pues, en unos principios rudimentarios e irracionales.

4. anticomunismo, por la oposición a entender que las clases sociales tienen intereses contrapuestos irreconciliables. El anticomunismo será una referencia permanente del fascismo, defendiendo un Estado absoluto situado por encima de una sociedad a la que representaba totalmente, lo que se oponía a la lucha de clases y el internacionalismo comunista. El fascismo se planteaba así como una “tercera vía” alternativa al socialismo marxista, pero también al capitalismo, defendiendo la creación de un socialismo nacional capaz de poner fin al conflicto de clases y de atraer tanto a las capas medias, amenazadas por proceso de concentración capitalista, como los obreros, oprimidos por el miedo del paro y la miseria.

5. Creencia en la misión providencial de un líder carismático, el cual representaría los intereses de la nación como solución a la crisis de los valores burgueses tradicionales, lo que deriva en un poder prácticamente absoluto, no sometido a ningún tipo de verificación electoral. Sobre esta noción del caudillaje, el fascismo trató de modelar una sociedad establecida sobre los principios de la jerarquía, el orden, la obediencia y la autoridad indiscutible de un hombre excepcional. Así, Mussolini adoptaría así el papel de líder infalible, el Duce, el conductor; y Hitler, por su parte, se convertiría en el Führer de todos los alemanes. Mediante las grandes concentraciones, los discursos y la propaganda se mantendría el nexo entre los políticos y el pueblo, un conjunto compacto.